A través del juego los niños aprenden, se conocen a sí mismos, se desarrollan con los otros y también con su entorno.

Una de las contribuciones más importantes tanto de la psicomotricidad como de la educación física es la posibilidad de expresar sentimientos y emociones. Dentro de esta área, podemos destacar el juego como el aliado fundamental para aprender a gestionar e interpretar las emociones tanto propias como ajenas. A través del juego los niños aprenden, se conocen a sí mismos, se desarrollan con los otros y también con su entorno. Cumple, por tanto, una triple función:

  • Sirve como vía de descarga y desahogode tensiones e inhibiciones, produce alegría en el niño y le ayuda a recuperarse física y psíquicamente con mayor rapidez.
  • Produce un enriquecimiento experimentalprogresivo que ayuda al niño a desarrollarse de manera global gracias a las experiencias que surgen durante la actividad.
  • Genera al niño placer, ganas de comunicarse, emociones, y le hace vivenciar todo tipo de situaciones.

Es el momento del juego cuando el niño puede experimentar abiertamente sus emociones y aprender a controlarlas. Por ello, el juego debe ser libre y, cuando sea necesario, el adulto proporcionará herramientas que dirijan ese juego hacia la obtención de estrategias de control emocional.

Debido a la sociedad de estrés en la que nos vemos inmersos, cada vez se da menos espacio a los niños para que jueguen y desarrollen sus habilidades emocionales, provocando que en muchos casos aparezcan dificultades para gestionar las emociones. Es labor de todos dejar al niño jugar, interactuar con su juego, y ofrecerle un entorno seguro para experimentar, reconocer y vivir sus emociones.